Abadal

Francisco Serramalera Abadal, más conocido simplemente como Francisco Abadal, nació en Manresa en 1875. Fue un reconocido ciclista profesional a finales del siglo XIX, deporte gracias al cual se hizo con un pequeño capital y se introdujo en el mundo del automóvil, en todas sus facetas: aficionado, piloto, comercial y constructor. En 1901 abrió el Auto Garaje Central en la calle Consejo de Ciento de Barcelona, un establecimiento dedicado a la venta, mantenimiento y reparación de automóviles, motocicletas y, por supuesto, bicicletas.

Nada más crearse la empresa Hispano-Suiza, Abadal consiguió hacerse con la representación de los Hispano Suiza en Barcelona en 1904, convirtiéndose en uno de los principales defensores e impulsores de la marca. En esta concesión no solamente se dedicaba a vender los vehículos de la marca, sino que tenía un taller propio donde carrozaba los vehículos al gusto del cliente, y realizaba el mantenimiento de los mismos.

A finales de 1900, con un T20, hizo debutar a Hispano-Suiza en el mundo de la competición, consiguiendo batir el récord en la subida a la Rabassada, efectuando el recorrido de 6,5 Km. en un tiempo de 8 minutos y 25 segundos, a un promedio de casi 50 Km/h, con una velocidad punta de 87. En abril de 1905, sabedor de que el Rey D. Alfonso XIII, gran entusiasta de los automóviles, iba a realizar una subida al castillo de Sagunto, se desplazó con un T20 hasta tierras valencianas, y esperó a la comitiva real al inicio de las rampas de ascensión al castillo; una vez la comitiva hubo pasado, arrancó y se permitió el lujo de adelantarles con total facilidad, esperando en la cima. De esta curiosa forma Abadal consiguió que el Rey se interesase por el vehículo y que a partir de ese momento se convirtiera en un incondicional de la marca española. Algo más tarde, en mayo de 1906, organizó y encabezó una caravana de automóviles que desde Barcelona acudió a Madrid a rendir homenaje a Alfonso XIII ante su inminente boda.

Hombre de negocios y con gran visión, en 1906 montó una escuela para conductores, probablemente la primera autoescuela de Barcelona. Como el negocio marchaba muy bien, en 1907 amplió el negocio y lo trasladó a la calle Aragón y a la plaza Letamendi. En la plaza Letamendi tendría su cuartel general donde en los próximos años desarrollaría su actividad como constructor.
En un primer momento se dedicó a la construcción de carrocerías, así como al mantenimiento de los vehículos Hispano-Suiza que vendía. Recordemos que en esa época los automóviles se acostumbraban a entregar sin carrocería, y el propietario acostumbraba a encargarla según sus gustos y presupuesto a diferentes carroceros.

A partir de 1911 las relaciones entre Abadal y La Hispano-Suiza se fueron enfriando, hasta el punto de que en 1913 la propia Hispano-Suiza rescindió el contrato. La probable razón de esta ruptura se puede encontrar en el hecho de que Abadal había empezado a madurar la idea de construir sus propios vehículos, pero como no poseía las infraestructuras necesarias para la construcción del vehículo completo, había iniciado negociaciones con la empresa belga Société des Automobiles Impéria, que se dedicaba a la construcción de automóviles desde el año 1906, y de la que Abadal era el representante en España.
En 1912 se llegó a un acuerdo por el cual la empresa belga construiría los motores y chasis que entregaría a Abadal, que se encargaría de carrozar los mismos en sus talleres de la plaza Letamendi. Rápidamente instaló una unidad de producción en Barcelona para producir en esa ciudad bajo la marca Abadal un motor de 6 cilindros de 18/24 HP muy parecido al del Hispano Suiza. Otras fuentes dicen que en realidad eran dos motores diferentes; un 4 cilindros de 3.104 cc y un 6 cilindros de 4.521 cc.

A pesar de haber sido anunciado a bombo y platillo y por todo lo alto, este automóvil mostró rápidamente problemas de acabado que dañaron su imagen y su salida al mercado español, por lo que algunos meses más tarde, Impéria decidió repatriar gran parte de la producción realizada de motores a Bélgica.
A partir de ese momento, el 18/24 HP fue vendido en Bélgica bajo el nombre Impéria reapareciendo el coche en el mercado belga con unos acabados poco dignos de su categoría. El tipo de clientela al que iban dirigidos estos coches raramente perdona estos errores, y ello se convirtió en un importante handicap para la empresa belga en su intento de imitar a Abadal.

La Primera Guerra Mundial aportó a la empresa belga Impéria una segunda oportunidad gracias a la aeronáutica de la cual obtuvieron la técnica y experiencia necesarias para poner a punto en 1922 la motorización y la transmisión de un nuevo Impéria-Abadal de 6 litros.
Este automóvil se haría famoso por su participación en el Primer Grand Prix de Spa-Francorchamps, pero los beneficios de sus buenos resultados no se dejaron notar a nivel comercial ya que la cartera de pedidos fue muy escasa.
En efecto, la clientela del gran lujo le estaba dando la espalda a las marcas secundarias debido a la intensa competencia de las grandes marcas. Esta situación provocó que Impéria decidiera abandonar su alianza con Abadal, ya que le resultaba demasiado pesada a nivel financiero y a partir de entonces Impéria se consagró a la producción en Bélgica de modelos más modestos pero más rentables económicamente.

Mientras tanto, Francisco Abadal continuaba con sus talleres y su inquietud inquebrantable por construir sus propios automóviles, por lo que sacó provecho de esa libertad reencontrada para asociarse en 1923 con la empresa americana Buick cuyas ventas se empezaron a producir en Europa a partir del final de la Guerra.
Abadal se convirtió en el representante exclusivo para toda España de los intereses de la General Motors, y aprovechó esa oportunidad para que Buick le suministrara los motores y los chasis de su modelo E 45. Sobre ellos modificaba el radiador y algunos detalles y realizaba su carrocería, naciendo de esta manera la firma Abadal-Buick.

Para 1927 la empresa gestionada por Paco Abadal comenzó a perder relevancia como importador de Buick. Sin embargo, este hecho, lejos de suponer un contratiempo, animó al incansable empresario manresano a buscar un nuevo aliado. Y lo encontró al otro lado del Atlántico, ya que fijó su objetivo en la Hupp Motor Company, empresa fundada en Detroit por los hermanos Robert Craig y Louis Gorham Hupp en 1908.
Dos décadas más tarde, concretamente el 1 de mayo de 1928, Stadium dedicaba su plana interior al acuerdo suscrito entre la firma Abadal y el fabricante estadounidense. La misma estaba presidida por una fotografía en la que Léon Derny (ex piloto y hombre de confianza de Paco Abacial) posaba junto a un automóvil de la marca norteamericana y, bajo ella, podía leerse que el francés lo había conducido desde la localidad belga de Amberes hasta Barcelona. Se trataba del "primer coche de Hupp destinado a la representación general para España que ha sido conferida a don F. Abadal", detallaba la publicación de motor, turismo y deportes.

Especialista en lo que hoy denominamos marketing, Abadal inició la comercialización de los Hupmobile con una agresiva campaña publicitaria que alcanzó su cénit en abril de 1929. Después de una de las demostraciones que tanto gustaban al otrora sportsman, ensalzó en la prensa la hazaña de un Hupp, "estrictamente de serie, completamente equipado y con cuatro pasajeros", consistente en subir y bajar veinte veces consecutivas el tramo de Monistrol a Montserrat. En dicha gesta, de la que dieron fe ingenieros técnicos y cronometradores del Real Automóvil Club de España (RACE), el coche utilizado recorrió cerca de 338 kilómetros y, terminada la prueba, según el informe de los notarios, "se efectuó un ensayo de frenos que dio excelentes resultados, y comprobado el consumo de agua del radiador fue de 550 gramos y el de aceite 1,350 litros".

A finales de aquel año, tras la celebración del Salón de París, la firma Abadal continuó publicitando las bondades de los Hupmobile, concretamente del nuevo modelo ligero de seis cilindros con, entre otras prestaciones y características, una velocidad máxima de 120 km/h, elasticidad y estabilidad perfectas, conducción cómoda y agradable (sin fatigas en los grandes viajes) y un precio de fábrica de 1.115 dólares.
Basándose en aquel Hupp, la casa Abadal desarrolló en 1930 el último automóvil distinguido con tan ilustre apellido. Y teniendo en cuenta el punto de partida, no es de extrañar que, popularmente, fuera conocido como Abadal-Hupmobile, si bien se dio a conocer simplemente como Abadal y subrayando que se trataba de un proyecto "nacional".
Para que ello fuese así, el objetivo pasaba por dotar al original Hupp de componentes fabricados en España, en concreto, entre un 50% y un 65% del valor total del coche. Incluso no se descartaba ampliar dichos porcentajes si el proyecto era apoyado institucionalmente con el fin de revitalizar la industria automovilística de nuestro país.

Una vez presentado a medios de comunicación como Stadium y ABC, un prototipo del Abadal-Hupmobile fue cedido a los periodistas para cubrir la Volta a Catalunya de ciclismo. Era el mes de septiembre y El Mundo Deportivo ensalzaba las cualidades ruteras del vehículo, al tiempo que destacaba la admiración que despertó entre los aficionados que, apostados en la carretera, aguardaban el paso de la caravana ciclista.
Pero, por desgracia, el nuevo Abadal jamás llegó a comercializarse. Pese a los intentos de poner a la venta un coche en el que, de forma progresiva, primasen los componentes nacionales, la firma Abadal se encontró con dos serios obstáculos: una ley gubernamental que gravaba las importaciones de vehículos (al respecto, debe tenerse en cuenta que la base del Abadal-Hupmobile procedía de Estados Unidos) y la depreciación de la peseta.
Así pues, en el seno de la casa Abadal acabaron por desestimar el proyecto, poniendo fin a una relación que, económicamente, ya no era rentable. A finales de 1930, la empresa catalana volvió a representar a Peugeot y posteriormente hizo lo propio con Skoda.

El 16 de diciembre de 1939, tras la Guerra Civil Española, falleció Francisco Serramalera Abadal. La firma que fundó continuó operando hasta mediados del siglo XX, pero sin su impronta perdió, poco a poco, el esplendor de antaño. Atrás quedaba, para los anales, su contribución al engrandecimiento de Hispano-Suiza, la creac1on de Abadal y Cª, la comercialización de los Abadal-Buick y su implicación en el proyecto belga Impéria Abadal. Marcas legendarias a cuyos automóviles hemos de sumar el ya icónico Abadal-Hupmobile.

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