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Ford Motor Ibérica

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En 1920 se constituyó la empresa Ford Motor Company Sociedad Anónima Española Cádiz, cuya factoría se estableció en el Depósito Franco de la ciudad andaluza. A aquella fábrica llegaban desde Detroit los motores, cajas de cambios y ejes, mientras que los bastidores, carrocerías, asientos o cristales eran de producción nacional y todo se unía en el montaje.

En aquel periodo, que se prolongó hasta 1923, se montaron el la planta gaditana en torno a diez mil unidades de automóviles Ford T y camiones Ford TT de una tonelada de carga, además de quinientos tractores Fordson. De ellos, alrededor de las dos terceras partes se comercializaron en España y el resto se exportaba a Portugal y al norte de África.

Todo iba viento en popa para la factoría gaditana, con una plantilla satisfecha formada por trescientos obreros y un excelente balance de resultados, pero por presiones políticas Ford Motor Company Sociedad Anónima Española Cádiz tuvo que cerrar sus puertas y trasladar la planta de montaje a Barcelona en 1923.

En la Ciudad Condal, la planta de montaje se instaló en Avenida Icaria n° 149, en plena zona portuaria, cambiándose la denominación de la empresa por la de Ford Motor Company Sociedad Anónima Española Barcelona.

Allí siguió montándose el Ford T hasta mediados de 1928, para iniciarse desde ese momento la transformación de las instalaciones de cara al montaje del futuro Ford A. Este nuevo modelo sería en 1930 el más vendido en España, con un total de 6.074 unidades, lo que venía a suponer que casi uno de cada cuatro automóviles vendidos era un Ford A. Sin embargo, quedaba para la historia la época en que la firma de

Detroit mantenía sus buenos resultados comerciales con un único modelo, ya que la competencia se había adaptado a la producción en cadena y Chevrolet luchó con éxito para arrebatar a Ford su posición de liderazgo.

Ante tal situación, Ford presento a finales de 1931 y a precio muy competitivo un nuevo modelo, el Ford V8, provisto de un elástico y robusto motor de ocho cilindros en V. Se les denominaba Ford Galgo, debido a la mascota que coronó el radiador a partir de 1933, derivada asimismo del Lincoln. La Guardia Civil dispuso de un buen número de ellos en su parque móvil. Incluso en Europa, el precio del Ford V8 resultaba especialmente interesante, pero en nuestro continente las distintas administraciones siempre se han distinguido por encarecer ficticiamente la gasolina, cargando en ella todo tipo de impuestos, al tiempo que desde épocas remotas se ha considerado a la mayor o menor cilindrada como elemento básico para determinar la fiscalidad de un vehículo.

Al mismo tiempo, tanto en Estados Unidos como en las filiales europeas de Ford se ofrecía una alternativa económica al Ford V8, que era el Ford B.

Ford España construyó bajo licencia el Ford B entre 1932 y 1934. Fue presentado el 21 de mayo de 1932 en Barcelona, con dos versiones mecánicas: cuatro y ocho cilindros. Ambas tenían la facultad de poder intercambiar sus motores, sin ninguna preparación previa. A partir de 1933 se ofrecían dos motores distintos.

El del clásico B, de 3,3 litros de cubicaje, y el del BF, de 2.033 cc y 41 CV, éste último modelo especialmente destinado al mercado europeo. La aparición de esta versión de menor potencia tenía una razón meramente fiscal, ya que el BF tributaba sólo por 13 HP y no por 17 HP como el B de 3,3 l.

El Ford B calzaba ruedas con radios metálicos, no de madera y neumáticos de 5.25 x 18 pulgadas. Los frenos que montaba el B, tanto el de cuatro como el de ocho cilindros, eran de tambor a las cuatro ruedas, con accionamiento mecánico.

Dentro de la gama que Ford ofrecía en España el modelo básico era el Ford Y, dotado de un motor de 921 cc, que en los años previos a la Guerra Civil tuvo su difusión entre cierta clase media en ascenso. El Ford B ocupaba una posición superior, aunque por debajo del V8, con el que compartía el bastidor y la mayoría decomponentes, y de la lujosa gama Lincoln.

La Guerra Civil determinó el cese de producción de automóviles Ford en nuestro país. De hecho, la empresa con sede en Barcelona cambió de nombre en 1955 por el de Motor Ibérica S.A. y se dedicó a la producción de los tractores y camiones Ebro. En 1967, pasaron a formar parte de la empresa las firmas productoras de vehículos industriales Aisa, Fadisa, Perkins y Viasa, sumándose la tarraconense Siata en 1972.